No somos una denominación. No tenemos ley sino el amor, ningún credo sino a Cristo, ningún libro sino la Biblia. No tenemos miembros; sólo compañerismo a través de la Sangre de Jesucristo que nos limpia de toda incredulidad. 62-1111e (v) El Porqué Estoy En Contra De La Religión Organizada Jeff
LAS VIDAS DE ELLOS FUERON IMPACTADAS POR EL MINISTERIO DE WILLIAM BRANHAM   Parte 12

Joseph C. Coleman
Joseph C. Coleman, Pat Tyler y Orlando Hunte
Ahora, hay algo aquí parecido que cogió a ese hombre en aquel mismo instante. Déjenme ver otra vez lo que eso era. Ahora míreme. No lo diga. Es un hombre de color sentado aquí atrás mirándome. Es su…él, él tiene a alguien enfermo. Eso es correcto. Asma y sinusitis. Eso es correcto. Ud. Lo tocó a Él. Ud. no es de aquí, señor. Ud. viene del este, noreste por este rumbo. Ud. viene de Nueva York. Correcto. Ud. es el Señor Hunte. Ud. cree ahora. Correcto. Eso es.
    Ese es su amigo sentado allí a su lado, orando. ¿Cree Ud., señor, que soy profeta de Dios?
[El Hermano Coleman dice: “Sí, señor.”-Ed.] Ud. viene aquí con él. Su nombre es Coleman. [“Sí. Aleluya.”] Y Ud. está orando por un padre. [“Sí.”] Es por algo de la garganta. Eso es ASI DICE EL SEÑOR. [“¡Aleluya!”] Váyase, crea ahora. Crea.
   Ud. tiene un estómago nervioso, el cual es su problema. ¿No es esto correcto? Vaya, coma, en el Nombre del Señor Jesús. ¿Cree Ud. que Él lo sanó? Mientras se va, crea que es Dios. Crea con todo su corazón.
   Ud. está sufriendo con un problema nervioso, está todo molesto. Crea con todo su corazón ahora. Regrese y sea sano.
   Nerviosismo. Solamente crea con todo su corazón; cree que Dios lo hará sano, y no lo dude.
   Nervios y problema del corazón, ¿cree que Jesucristo lo hará sano? Váyase, sea sano en el Nombre de Jesús.
   Molestia nerviosa, problema del estómago molestándolo. Condición gástrica en su estómago, toda su comida se agria. Váyase, y no dude en su corazón, y vendrá a suceder que Ud. no lo tendrá jamás.
   Su espalda le ha estado molestando. ¿Cree Ud. con todo su corazón? Entonces váyase Ud.; Jesucristo lo sana de eso.
LA RESTAURACIÓN DEL ÁRBOL NOVIA   22/ABRIL/1962

   Joseph C. Coleman nació el 27 de junio de 1927. Orlando Hunte nació el 3 de mayo de 1927, y partió el 9 de enero de 2011.

   Estos dos amigos de toda la vida fueron predestinados para reconocer al Rev. William Branham como un profeta de parte de Dios en los años que para mucha gente era sólo un evangelista.
   El Rev. Coleman fue testigo de las bendiciones que el profeta pronunció para él el día de su ordenación como ministro.
   Con el tiempo jugó un papel importante en el desarrollo del Mensaje del Tiempo del Fin.
   Aquí está parte de su historia narrada por él mismo:

Joseph Coleman: El Hermano Hunte y yo hemos sido amigos de toda la vida. Tenemos la misma edad, fuimos criados en Manhattan, y ambos fuimos salvos en el año de 1960.
   Asistíamos a una iglesia del Nombre de Jesús en Mount Vernon, que es una zona residencial en los alrededores del Bronx, Nueva York. Hacía solamente tres meses que yo había sido salvo, pero ya había notado que aquel grupo con el cual estábamos no seguía muchas de las verdades de la Biblia. Por cuanto no estábamos de acuerdo con las cosas que estaban siendo permitidas, como permitirles a las mujeres predicar, pronto el pastor comenzó a referirse a mi esposa y a mí en términos muy críticos.
   En aquel tiempo, yo era un cartero y el Hermano Hunte era un conductor de autobús por Wilson Avenue en Brooklyn, Nueva York. Pronto nos dimos cuenta que el Señor nos había colocado exactamente allí para que nuestros caminos se cruzaran con personas quienes nos dirían que había un profeta un profeta en la tierra.

Con su esposa Elaine Coleman
Orlando Hunte: Yo trabajaba en el último turno, que terminaba casi a la una de la mañana, y aquella noche en particular, en diciembre del año 1960, fue una noche muy lenta. El autobús estaba vacío, pero en una de mis paradas una joven lo abordó. Noté que ella cargaba un instrumento que parecía algo como un violín. Ella se sentó al frente, hacia mi derecha.
   En la próxima parada, recogí a un varón grande, y recuerdo haber pensado: “Oh, Dios.” Claro, se pueden imaginar en dónde fue que él se sentó: al lado de la joven. Yo no quería problemas, pero yo sabía que esta era potencialmente una mala situación. Recientemente yo me había convertido al Señor, así que comencé a orar. Yo dije: “Señor, por favor, sácalo del autobús antes de que se forme algún problema. Si él le molesta a esa joven, yo tendré que hacer algo.” Los problemas eran de esperarse en aquellas líneas de autobús.
   Así que hice una pequeña oración. La próxima parada era frente a la comisaría de policía de DeKalb Avenue, y de repente el varón sonó el timbre y se bajó. Él no me dijo nada y yo no le dije nada a él, pero me alegré mucho cuando se bajó.
   Mi corazón estaba saltando. Soy muy emocional a veces y traté de contenerlo, pero cuando él se bajó del autobús fue como si una carga muy pesada me hubiese dejado. La única forma en que pude expresarme fue diciendo: “¡Oh, gracias Jesús!” Yo estaba rebosando, estaba tan lleno.
   Cuando yo dije eso, la joven dijo: “¿Ese fue Ud.?”
   Yo dije: “Sí, yo fui.”
   Ella dijo: “¿Qué pasó?”
   Yo dije: “Sólo estaba agradeciendo a Dios.”
   Ella dijo: “¿Es Ud. salvo?”
   De repente un sentimiento pentecostal me impactó: “¡Salvo, santificado y lleno del Espíritu Santo!” le dije.
   Ella dijo: “Yo también.”
   Yo dije: “Si Ud. es salva, santificada y llena del Espíritu Santo, ¿qué hace aquí a esta hora de la noche? ¿No entiende que nos pudo haber metido en problemas a los dos?”
   Ella dijo: “Pues es que acabo de salir de la iglesia.”
   Yo dije: “Debería de tener a alguien que la acompañe hasta su casa.” Ella iba hasta el final de la línea del autobús, así que comenzamos a hablar.
   El Hermano Coleman y yo habíamos estado buscando a un varón de Dios quien predicara la Palabra de Dios y bautizara en el Nombre del Señor Jesucristo, y que tuviera señales y maravillas. Y luego ella mencionó algo acerca de un profeta. Ella dijo: “Seguimos la enseñanza de William Branham.”
   Yo dijo: “¿William quién?” Yo nunca había escuchado acerca de él.
   Ella dijo: “Él es un profeta.” Yo había estado leyendo mi Biblia en el primer capítulo de Gálatas, que si alguna persona o un ángel viniese y predicase otro evangelio, que sea anatema.
   Ella dijo: “Él predica exactamente lo que predicó Pablo.”
   Yo dije: “¿Con señales y maravillas, y bautiza en el Nombre del Señor Jesús?”
   Ella dijo: “Sí, señor. Yo creo que Ud. debe venir a nuestra iglesia para que nos testifique.”
   La iglesia donde estábamos asistiendo no nos permitía visitar otras iglesias; pero nosotros queríamos salir a las calles, como a la Calle 42, para ayudar a la gente. Pero el pastor decía: “Ese terreno ya está bien quemado.”
   Yo dije: “Pero no fuimos nosotros los que lo quemamos.” Hay tantas personas que necesitan a Jesucristo, y yo estaba pensando en testificarle a ellos y traerlos a la iglesia.
   Así que llamé al Hermano Coleman y le conté de la hermana que yo había conocido, y que ella dijo que estaría orando por nosotros y que deberíamos hacer planes de ir allá y testificar.
Joseph Coleman: Fue como en el mes de mayo del año 1961 cuando el pastor pentecostal muy
fuerte en contra de nosotros y llegó a ser demasiado. El Hermano Hunte me recordó de la iglesia
en donde bautizaban en el Nombre de Jesús conforme a Hechos 2:38.
   Entonces fuimos a la iglesia del Hermano Anthony Milano.
   Entramos, y el lugar entero se alborotó un poco. No sabíamos que la Hermana Mary, la joven
en el autobús del Hermano Hunte, había testificado de su experiencia y que toda la iglesia había
estado orando por nosotros por casi seis meses.
   Al conocernos, el Hermano Milano no tenía manera de saber que desde que el Hermano Hunte y
yo fuimos salvos, habíamos comenzado nuestros propios estudios bíblicos en la cocina de mi
casa. Comenzamos con Génesis, capítulo uno; y en el capítulo tres, vimos que había dos
simientes. Nuestra pregunta era: “¿A dónde se fueron?” Y como no pudimos encontrar la
respuesta, lo dejamos quieto.
   Cuando el Hermano Anthony nos cio, él comenzó a predicar sobre los temas más pesados, para
ver si aguantábamos. Él dijo: “Habían dos simientes en el Huerto del Edén.”
   Nosotros dijimos: “¡Amén!” Eso mismo habíamos estado buscando por un año entero. Y eso lo
emocionó mucho a él.

   Me preguntaba dónde estabas, Anthony. Veo que te encontraste con tu padre. Y busqué por la audiencia. Él
dijo que estabas sentado allí. Estamos contentos de tenerte y a tu padre aquí con nosotros, al Hermano
Milano de Nueva York. Espero que esta vez al partir para el exterior, lograré otro empujón desde Nueva York,
hacia a algún lugar, Dios mediante.
LA ESTATURA DE UN VARÓN PERFECTO   14/OCTUBRE/1962 A.M.

   Después del servicio, el Hermano Pat Tyler vino y nos saludó, y dijo: “Ahora hermanos, hay un
profeta, y hay un Mensaje.”
   Y dijimos: “Bien, amén.”
   Yo pregunté: “¿En dónde está el profeta? Eso es lo único que quiero saber.”
   Él nos dijo que debíamos ir al Tabernáculo Branham en Jeffersonville, Indiana. Luego el
Hermano Pat nos dio una lista de hermanos a quienes deberíamos buscar al llegar allá.
   Llegamos al Tabernáculo a la hora del servicio de oración de varones del día viernes por la
noche, y uno de los hermanos quien se acercó a nosotros y se identificó fue el Hermano Alex
Shepherd, uno de los hombres en la lista que nos habían dado. Se hizo nuestro amigo con un
maravillosos espíritu Cristiano, y posteriormente, el Hermano Shepherd y su familia llegaron a
ser nuestros amigos muy especiales a través de los años.
   El Hermano Neville, el pastor asistente, nos saludó y dijo: “Hermanos, pasen adelante y tomen
asiento.”
   Después de eso, hubieron algunos testimonios, y luego el Hermano Neville nos dijo: “Hermanos,
¿desean testificar Uds.?”
   El Hermano Hunte se paró primero, y oh, vaya, él comenzó a testificar de la ciudad de
Brooklyn, y los borrachos, los drogadictos, y todo el trabajo que quedaba por delante allí, y todos
los hermanos estaban gritando y disfrutando de lo que él decía.
   Cuando me tocó a mí, yo dije: “Bueno, hermanos, yo aquí estoy con un solo propósito. Yo
entiendo que hay un profeta en la tierra. En mi corazón, siempre deseaba ver a un varón de Dios
quien bautizara conforme a Hechos 2:38, y que tuviera señales siguiéndolo. Y ahora, he
encontrado el lugar, sí, señores, y he encontrado al varón.”
   Al decir eso el fuego bajó, y todos comenzaron a gritar y a alabar. Luego el Hermano Neville
comenzó a profetizar, y el Señor habló respecto a nosotros, diciendo: “Ya los he escuchado y los
he bendecido… y la boca del profeta estará sobre ellos y asimismo ellos le dirán estas cosas a
su gente y muchos serán liberados.”
   ¡Qué bendición y confirmación fue eso para nosotros!
   Hubo un servicio el domingo por la mañana [29 de octubre de 1961], y allí conocimos a muchas
personas y pasamos un tiempo maravilloso. El Hermano Branham no estuvo presente en aquel
servicio, y nos enteramos que su mamá había partido el día viernes. El funeral para la Hermana
Ella Branham fue el lunes, y nosotros asistimos. Esa fue la primera vez que vimos al Hermano
Branham.
   Después, fuimos a la oficina donde el Hermano Gene Goad y el Hermano Leo Mercier tenían el
negocio de las cintas. Pensamos que rápidamente podríamos salir de viaje hacia Nueva York,
después de recoger las cintas que necesitábamos, pero cuando llegamos allá, nos dijeron que la
Hermana Ruby Wood es quien tendría la cinta de las tres profecías que fueron habladas respecto
a nosotros en el servicio de varones del viernes. Yo estaba ansioso por obtener una copia de
aquel mensaje de parte del Señor, y el Hermano Gene me dijo: “Hermano Coleman, vaya a la
casa de la familia Wood y allá podrá obtener esas profecías porque ella es quien guarda y
mantiene todas las profecías en orden.”
   Yo dije: “Eso está muy bien.” Era casi la una de la tarde cuando me dirigí a la casa de la
familia Wood. El Hermano Hunte se quedó en la oficina para testificarle a un médico de Noruega
quien tenía cáncer y había venido para que oraran por él.
   Cuando llegué y le dije a la Hermana Wood para qué yo había venido, ella dijo: “Oh, sí,
Hermano Coleman, yo la tengo.” Ella tenía un armario lleno de cintas, y comenzó a buscar entre
ellas. Ella buscó por un rato y luego dijo: “¡Qué cosa! No la veo en ninguna parte.”
   Yo dije: “Bien, gracias por buscar”, y regresé a la oficina.
   Cuando llegué allá, el Hermano Gene dijo: “No, Hermano Coleman, vuelva Ud. allá.” Él fue
muy insistente, así que regresé a la casa de la familia Wood, que estaba casi a 20 minutos de
distancia. Cuando llegué, ella estaba buscando en todo aquel mueble. Donde yo estaba parado
podía ver una cinta colocada encima del armario en el cual ella estaba buscando. Comencé a
decir algo al respecto, y luego el Espíritu Santo me dijo: “No digas nada.” Y no dije ni una
palabra.
   Regresé a la oficina, y de nuevo el Hermano Gene dijo: “Vuelva allá.” Por tercera vez, regresé.
La Hermana Wood dijo: “Bueno, yo no sé.” Luego, de repente ella miró por encima del armario y
dijo: “Bien, aquí está.”
   Eran casi las cuatro y media de la tarde cuando regresé a la oficina. El Hermano Hunte
estaba hablando con el médico noruego, aumentándole la fe.
   Diez minutos más tarde, escuchamos a un automóvil afuera. Era el Hermano Branham. El
Hermano Leo y el Hermano Gene salieron afuera y hablaron con el profeta, pero los demás nos
paramos junto a la ventana y observamos. Todo lo que pude pensar era: “¡Vaya, allí está el
profeta!”
   De repente él nos hizo señas para que nos acercáramos. Él se mantuvo sentado en su auto, y
mientras nos íbamos acercando podíamos sentir la unción alrededor. Yo nunca había sentido
algo como eso. Él habló con el hermano noruego por un momento y le prometió que lo vería en una
entrevista privada dentro de pocos días. Luego nos dijo a nosotros: “Sí, me he preguntado su
Mamá formó parte de la Novia.”
   Yo pensé entre mí: “¿Parte de la Novia? Yo pensaba que todos eran parte de la Novia.” Eso era
todo lo que conocía en pentecostés.
   Luego él procedió a contarnos una visión donde él vio a su mamá parada en un lugar muy alto,
una posición de honor, vestida en una elegante moda victoriana como la que usaban las mujeres
al principio del siglo veinte. Allí estaba ella en el palco de la reina, y a base de eso él supo que
ella era parte de la Novia.
   Fuimos los primeros a quienes él contó esa visión, y nos dijo otras cosas también.
   Uds. no se pueden imaginar cómo nos sentimos. Habíamos visto al profeta; habíamos
escuchado las profecías.
   Estábamos flotando.
   Regresamos al tabernáculo cuando el Hermano Branham predicó “La Restauración Del Árbol
Novia”, el domingo 22 de abril de 1962. Ese fue el primer servicio que asistimos, y allí fue cuando
fuimos llamados en la audiencia.
   La línea de oración fue formada al lado derecho del Hermano Branham, como siempre, y él
estaba hablando con una persona en la línea de oración, un varón con asma. El Hermano Hunte
y yo estábamos sentados en el lado extremo izquierdo del auditorio, hacia la parte de atrás. El
Hermano Hunte estaba orando por su hermana Millie, quien también tenía asma, y yo estaba
orando por mi papá, quien había sufrido un derrame cerebral.
   Luego la fe del Hermano Hunte movió la Columna de Fuego de la plataforma hacia donde
estábamos sentados, y cuando el profeta le habló al Hermano Hunte, yo sentí la Presencia de
Dios. Ahí fue que el Hermano Branham dijo: “Es un hombre de color sentado allá atrás,
mirándome. Él tiene a alguien que está enfermo, eso es correcto… asmático y con sinusitis, eso es
correcto. Ud. lo ha tocado a Él. Ud. no es de aquí, señor. Ud. ha venido del este, noreste, de por
acá; Ud. ha venido de Nueva York. Ud. es el Sr. Hunte. ¿Ahora cree Ud.? Muy bien. El que está
sentado al lado suyo es su amigo, está orando. Señor, ¿cree Ud. que yo soy el profeta de Dios?
Ud. vino con él; su nombre es Coleman, y Ud. está orando por su padre quien tiene un crecimiento.
Eso es Así Dice El Señor. Ahora vaya y crea.”
   Y luego yo comencé a alabar a Dios y el Hermano Branham comenzó a nombrar las aflicciones
que yo tenía en mi cuerpo. Yo seguí alabando al Señor mientras él hablaba, y luego él dijo:
“Jesucristo lo ha sanado.”
   Regresamos el 11 de noviembre del año 1962, cuando él predicó “Nombres Blasfemos.”
Llegamos el sábado como a la una de la tarde y fuimos directamente a la casa de la familia
Shepherd. Éramos seis los que habíamos viajado desde Nueva York: el Hermano Hunte y su
esposa, la Hermana Dolly; el Hermano Ben Smith; la Hermana Alma Gómez, y la Hermana
Coleman y yo.
   Pocos minutos después que llegamos, el Espíritu Santo me dijo en términos bien claros: “Ve a
casa de Mi profeta, ahora mismo.”
   Así que yo dije: “Súbanse todos al auto, vamos a la casa del profeta.” Llegamos a la Calle
Ewing y pasamos por su casa, y seguimos hacia Utica Pike y dimos la media vuelta. Mientras
regresábamos muy lentamente, el Hermano Branham salió de repente de su casa y se dirigió al
garaje. Él estaba en sus zapatillas, e hizo como si fuera a abrir la puerta del garaje y luego miró
hacia la calle. Me imaginé que Dios lo había mandado a salir.
   Yo dije: “Hunte, detén el auto”, y nos bajamos todos. Allí donde nos detuvimos realmente
estábamos bloqueando la calle, y el Hermano Branham caminó hacia nosotros y dijo: “¿Cómo
están?” Y se quitó el sombrero. Estábamos parados allí, casi paralizados, y él dijo: “Hermano, ¿
podría mover el automóvil un poco hacia un lado?”
   El Hermano Hunte fue y movió el auto hacia la orilla del camino.
   Mientras tanto, el Hermano Branham estaba parado allí, y parecía que sus ojos estaban
vidriosos, como si estuviera mirando a lo lejos. Él dijo: “¿Han escuchado Uds. mi historia acerca
de Memphis, Tennessee?”
   Dijimos: “Sí, señor.”
   Él dijo: “Bueno, no pude viajar por razón del avión, y una hermana de color estaba orando por
su hijo que tenía una enfermedad venérea.” Y procedió a relatarnos la historia. Luego dijo: “Por
favor, pasen a mi estudio.” Y todos lo seguimos a su estudio. Él nos habló personalmente a cada
uno de nosotros, y cada uno teníamos una pregunta que hacerle.
   La Hermana Alma era soltera en aquel tiempo, tenía casi 19 años, y en su trabajo ella le
había dicho a una joven judía que ella iba a ver a un profeta. La joven judía le dijo: “Bien, si ves
a un profeta, no se te olvide de preguntarle sobre el matrimonio.”
   La Hermana Alma dijo: “Hermano Branham, con respecto al matrimonio, cuando una persona
se va a casar…”
   Él dijo: “Oh, sí, cuando uno se case asegúrese que ambas familias estén de acuerdo y den su
bendición. Ambas familias.”
   Supuestamente esto era para la joven judía, o por lo menos así pensaba la Hermana Alma,
pero en realidad era para ella. Más tarde. Surgió una situación muy similar con el que iba a ser
su esposo y el padre del joven.
   Luego se dirigió hacia el Hermano Hunte y hacia mí y alzó una fotografía de un nativo africano
en una revista que estaba en su escritorio. El hombre en la fotografía tenía un hueso
traspasando su nariz, y él dijo: “Ahora, este hombre ama a su dios, y él daría su vida por su
dios. Él se dejaría comer por los cocodrilos o caminaría sobre carbones ardientes, pero Uds. no
tienen que hacer eso. Todo lo que tenemos que hacer es vivir para Cristo. Uds. no tienen que morir
por Él, más bien es vivir para Él.” Luego se dio la vuelta y alzó una fotografía del anciano
Obispo Johnson - un famoso predicador de radio de la iglesia apostólica de Jesucristo en
Filadelfia. Él tenía la foto ahí mismo en su estudio, y él dijo: “Ahora, él tenía la Palabra, pero
Uds. hermanos asegúrense de que tengan amor junto con la Palabra.”
Comenzamos a tener servicios en mi casa el 6 de enero del año 1963. La gente comenzó a llegar
de todas partes y pronto teníamos un gran rebaño. Necesitábamos más espacio.
   Llamé al Hermano Billy Paul y le dije: “El Hermano Hunte y yo tenemos que ampliar esta obra,
pero aquí tenemos que obtener una licencia antes de que nos permitan rentar un edificio para
una iglesia. Nuestra pregunta es que si podemos ser ordenados en el tabernáculo, porque no
tenemos papeles de ordenación de una denominación pentecostal.”
   El Hermano Billy Paul me dijo que le escribiera una carta al profeta, y así lo hice, y en la carta
mencioné a Elías tres veces. Le estaba dejando saber al Hermano Branham que yo sabía
exactamente quién era él. Luego él me contestó y dijo: “Escríbale esto al Hermano Joseph
Mattsson-Boze.”
   Cuando me mandó a escribirle al Hermano Mattsson-Boze, sentí en mi corazón decirle que el
Hermano Branham tenía el Espíritu de Elías de Malaquías 4.
   En junio recibimos dos solicitudes que decían: “Que su pastor firme esto.” Bien, el Hermano
Branham era nuestro pastor, así que llamé al Hermano Billy Paul de nuevo y le dije que
teníamos las solicitudes y lo que necesitábamos. Él dijo: “Venga para acá, Hermano Coleman.”
   Yo pregunté: “¿Podría el Hermano Branham ordenarnos?”
   Él dijo: “Ciertamente. No, espere un momento. Papá tiene que ir al dentista para que le hagan
un trabajo mayor el viernes y él no estará disponible por varios días.”
   Yo dije: “Está bien, Hermano Billy. ¿Lo puede hacer el Hermano Neville?” Sólo queríamos
obtener nuestros papeles y salir y predicar el Mensaje.
   Él dijo: “No hay problema.” Entonces hicimos el viaje.
   El sábado por la mañana, llamé al Hermano Neville y le dije que el Hermano Billy nos dijo que
él nos ordenaría, ya que el Hermano Branham iba al dentista.
   Pero él dijo: “Oh, no, el Hermano Bill lo hará.”
   Yo dije: “Pero, ¿qué del problema de sus dientes?” Pero él me aseguró que el profeta estaba
bien.
   El domingo por la mañana, cuando llegamos a la iglesia, vimos a varios hermanos y les
dijimos que íbamos a ser ordenados esa mañana por el Hermano Branham. Algunos de ellos nos
aseguraron que jamás acontecería, insinuando que quizás estábamos mal de la cabeza si
realmente creíamos que íbamos a ser ordenados por el profeta.
   En el santuario nos sentamos calladamente, esperando para ver lo que en realidad iba a
suceder. El Hermano Branham llegó al púlpito y comenzó a hablar, y luego dijo: “Tenemos aquí
hoy a dos hermanos de color, jóvenes, quiero decir jóvenes en el ministerio. Están aquí para ser
ordenados. Denos un tono para: ‘Oigo Al Dueño De La Mies.’” Y luego dijo: “Hermanos, pasen al
frente.” En la plataforma, él nos hizo dar la media vuelta hacia la congregación.
   Conozco a varias personas que se quedaron casi atónitas

   ¿Cuál es su nombre, hermano? [El hermano dice: “Orlando Hunte.”-Editor]
El Hermano Orlando Hunte, de la ciudad de Nueva York, ¿correcto? ¿Y el Hermano... ? [El otro hermano
dice: “Joseph Coleman”-Editor]. Joseph Coleman.
   Ahora, si Uds. mis hermanos, se dan la media vuelta hacia la congregación. El Hermano Hunt y el
Hermano Coleman, tienen un llamado de Dios en sus corazones. Y según cantamos en este himno, “Hay
millones muriendo ahora mismo en el pecado y la vergüenza”. Ellos han oído ese “clamor triste y amargo”. Y
nosotros les pedimos a ellos, “Apresúrense hermanos, apresúrense a rescatarlos”. ¿Ven? Respondan
rápidamente, “¡Maestro, he aquí estoy yo!” Esa es la forma en que ellos están respondiendo en esta mañana.
   Y nosotros, como hermanos de esta iglesia, y de este grupo, aprobamos esto, imponiendo nuestras manos
sobre ellos y extendiéndoles nuestra diestra de compañerismo, para que así sean testigos de Jesucristo con
nuestro apoyo; nosotros les apoyaremos en todo aquello que sea honorable y correcto en el Evangelio.
LA ACUSACIÓN   7/JULIO/1963 A.M.

Conozco a varias personas que se quedaron casi atónitas cuando él nos llamó al frente. Luego él
les pidió a otros hermanos ministros, asociados del Tabernáculo, que vinieran al frente e
impusieran las manos sobre nosotros. El Hermano Ruddell pasó hacia adelante con nosotros y el
Hermano Neville ya estaba en la plataforma, y ellos dos fueron los que impusieron sus manos
sobre nosotros, junto con el Hermano Branham mientras él oró: “Padre Celestial, que estos
hombres vivan y trabajen en la cosecha de Dios. Todo está en la cinta “La Acusación.”

   Sobre el Hermano Coleman, también imponemos nuestras manos como testigos, Señor, para dar
aprobación a su llamado, que nosotros, esta iglesia, este grupo de personas, creemos en él como un siervo de
Cristo. Y Te pedimos que Tú lo bendigas y le des un ministerio poderoso y grande, que él pueda ganar almas
para Ti, Señor, y libere a los cautivos y-y  rompa los poderes de Satanás que están alrededor de las vidas de
la gente con las que él se asocia. Señor, dale una vida fructífera, buena salud y fuerza. Y también, cuando él
llegue al final del camino, Señor, permite que él pueda mirar por la larga senda y pueda ver dónde por la
gracia de Jesucristo él fue capacitado para romper cada cadena del enemigo para honrar a Dios.
LA ACUSACIÓN   7/JULIO/1963 A.M.

   Durante nuestra ordenación, el profeta pronunció una frase corta que no pude escuchar
claramente, y era casi inaudible en la cinta original por razón del ruido de fondo. No fue sino
hasta el año 1983 cuando supe lo que el profeta había dicho: “Buena salud y fuerza.”
   A través de los años he sido acosado por muchas enfermedades y aflicciones en mi cuerpo. Yo
no sabía que existía esa promesa de “Buena salud y fuerza”, dicha por el profeta. Después que
recibí las palabras que faltaban, el Espíritu Santo me dirigió a leer el folleto: “Como El Águila
Remueve Su Nido”, y Él allí me vivificó este párrafo: “Yo he visto personas condenadas a sillas
de ruedas, y postrados en lechos de muerte con cáncer; ¡pero cuando el Espíritu de Dios llegó con
el avivamiento ellos fueron renovados y volaron de sus sillas de ruedas y de los catres,
regocijándose! Nuestro gran Dios nos renueva: Él renueva nuestra salud, Él renueve nuestra
fuerza, Él renueva nuestra esperanza. ¡Él constantemente nos está renovando! Amén. ¿Ven
amados, por qué somos comparados con las águilas? Somos renovados en Espíritu tal como
ellos.”
   En el año 1964, un años después que fuimos ordenados, el Hermano Rassmussen, quien era el
secretario de las Asambleas de Dios Independientes, vino a Nueva York y habló en nuestra
iglesia. Él nos dijo: “Sí, el año pasado el Hermano Branham me llamó y me dijo que él quería
ordenar a dos pastores, y me pidió que les enviara dos solicitudes.”
   Cuando el Hermano Hunte y yo escuchamos eso, ¡se pueden imaginar nuestro asombro y
sorpresa al saber que el Hermano Branham había llamado al Hermano Rassmussen y le había
pedido que nos enviara las solicitudes!
   En agosto del año 1965, estábamos en Jeffersonville para unos servicios y un día conocí al
Hermano Pearry Green y él me dijo: “Hermano Joe, reúnase conmigo el sábado en la recepción del
hotel Holiday Inn, frente al restaurante, exactamente diez minutos antes de las nueve de la
mañana.”
   Yo llegué a tiempo y entré a la recepción. El restaurante estaba a un lado, y vi al Hermano
Branham sentado en el restaurante de espalda hacia la puerta, y el Hermano Pearry Green
estaba sentado con la vista hacia mí. Luego me paré a un lado, esperando, y a las nueve en
punto ellos salieron juntos. El Hermano Pearry dijo: “Hermano Branham, este es el Hermano
Coleman de Nueva York. La iglesia de él donó para las cortinas del estudio.”
   El Hermano Branham dijo: “Oh, mi hermano, Ud. no debió haber hecho eso. Permítame pagarle
por eso,” y comenzó a buscar su chequera.
   Yo dije: “No, no Hermano Branham, no haga eso, por favor. Esa es nuestra bendición para Ud.”
   Él dijo: “Jesús dijo: ‘De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, a mí
lo hicisteis.’” Luego casi le arranqué la mano de su brazo.
   El Hermano Pearry me dijo más tarde que mientras yo entraba en la recepción, el Hermano
Branham lo estaba mirando a él y dijo: “Uno de nuestros hermanos de color acaba de entrar.”
   Cuando yo pienso que Dios usaría a Su profeta para llamarme dos veces e impartir tales
palabras de inspiración, estímulo, y promesas de sanidad para mí, me siento muy humilde y
sobrecogido por esta distinción. Verdaderamente ha sido un privilegio y un honor el haber
conocido al profeta de esta edad, el Hermano William Marrion Branham.
   Mi mente regresa a un día muy especial en mi vida, en el cual fui conmovido por la
preocupación y el amor del profeta. Fue el 14 de junio de 1964, cuando el Hermano Branham nos
había develado a Dios durante el servicio por la mañana. Esa noche él predicó “El Raro”, y yo
verdaderamente puedo decir que Dios velado en el profeta me confortó en el tiempo de mi mayor
necesidad.
   Un hermano me había dicho que el Hermano Billy Paul me quería ver. Después del servicio, salí
al estacionamiento y allí lo vi con el Hermano Branham. Toda la virtud había salido del profeta,
y él estaba muy débil y el Hermano Billy Paul lo estaba sosteniendo. De repente, el Hermano
Branham enderezó su cuerpecito valiente y se dio la vuelta hacia mí y dijo: “Hermano Coleman,
lo estaba buscando allí adentro para llamarlo,” luego con tanta sinceridad me dijo tres simples
palabras: “Dios le bendiga.” ¡Qué podré decir! Todas mis preocupaciones y cargas se me fueron
por completo y propuse en mi corazón que desde aquel momento en adelante seguiría peleando la
buena batalla.
   Cuando el Hermano Branham me dijo: “Dios le bendiga,” puedo testificar que las bendiciones
verdaderamente han sido mucho más allá de lo que yo jamás hubiera podido esperar para mí
mismo, mi familia, mi iglesia y todos con los que me he asociado. Verdaderamente la Biblia dice
creed en los profetas y prosperarás.*
*Tomado del libro GENERACIÓN de Angela Smith

   Mientras asistía a una reunión en el Tabernáculo Branham el 30 de diciembre de 1962 y
escuchaba el Mensaje Señor, ¿Es Esta La Señal Del Fin? El Señor le habló al Joseph Coleman
diciendo: “Cuando regreses a Nueva York, comienza tu iglesia el 6 de enero.” El primer culto de la
Iglesia de la Ciudad de Nueva York fue celebrado en la casa de Joseph Hermano Coleman en la
Avenida Findlay # 1267, con Orlando Hunte predicando el primer mensaje. Un grupo de 30 a 40
personas entonces comenzaron a reunirse regularmente en el sótano de la casa de Joseph
Coleman. La iglesia fue entonces incorporada en el estado de Nueva York como la Asamblea
Local Cristiana en octubre de 1963.
Casa de Joseph Coleman en Avenida Findlay # 1267
En la entrada de la casa de William Branham en Tucson, Arizona
Con su esposa y Billy Paul Branham y su esposa
Con su esposa y David Musgrove y su esposa Pamela
En enero de 1992, fue ampliada parte de la residencia de los Branham en Tucson, Arizona, y convertida en una biblioteca donde se exhibían libros pertenecientes al Hermano Branham, sus sermones en casete, pinturas, fotos, notas de sus sermones y otros artículos pertenecientes o relacionados al ministerio del Rev. William Branham.
   Para la decoración y debido a su experiencia, se le pidió la asesoría a Pamela Musgrove, esposa de David Musgrove (amigo personal de Joseph Coleman). El Rev. Coleman fue invitado para dedicar lo que fue llamado Memorial de William Branham.
Hablando en la dedicación del Memorial de William Branham en Tucson, Arizona, en enero de 1992.
Saludando a su amigo de toda la vida Orlando Hunte
El Hermano Branham bajó la vista atrevidamente desde el púlpito y preguntó: “¿Cree Ud. que yo, señor, soy el profeta de Dios?”
El joven respondió con un “¡Sí!” definitivo. El Hermano Branham entonces continúo diciéndole los mismísimos secretos de su
corazón. Fue inconfundible por el entusiasmo en su voz: había un fuego comenzando a crecer dentro del joven ministro que no
podía ser apagado.  Él sabía que había algo muy especial respecto al hombre que le estaba hablando desde el púlpito.
Después, el Hermano Branham ordenó al joven, Joseph Coleman, como un ministro del Evangelio y pidió que Dios lo bendijera y
le diera un ministerio fructífero. El Señor hizo como el Hermano Branham pidió. Con el paso de los años, el Hermano Coleman se
paró en su puesto del deber, apuntando a la gente alrededor del mundo al Señor Jesucristo y el Mensaje traído a través de Su
profeta, el Hermano Branham.*  
*Tomado de la página www.branham.org

   El Rev. Joseph C. Coleman partió con el Señor el jueves 5 de enero del año 2012.
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